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Historia del Festival de Jazz de San Sebastián

El Festival de Jazz de San Sebastián (actualmente, Heineken Jazzaldia) comenzó el 10 de septiembre de 1966, siendo actualmente el festival de jazz más antiguo de España y uno de los más veteranos de toda Europa. Todos los grandes músicos internacionales de jazz han pasado por el Festival en estos más de cincuenta años. El Festival ha recibido varios galardones muy importantes como reconocimiento a su actividad en el desarrollo de la cultura: el Premio a la Difusión de la Música en los XII Premios de la Música de la Fundación SGAE (2008); el Premio Euskadi de Turismo a la Competitividad de 2015, otorgado por el Gobierno Vasco; y la Medalla del Mérito a las Bellas Artes, en la persona del director del Festival, Miguel Martín, concedida por el Consejo de Ministros del 23 de diciembre de 2016. En la concesión se indicaba que el Festival de Jazz de San Sebastián, que ahora cumple medio siglo, ha programado a los artistas más importantes de este género y se ha convertido en una referencia internacional. La prensa especializada sigue destacando hoy la calidad de la programación y el ambiente festivo que el Jazzaldia transmite a la ciudad. Gracias a los numerosos conciertos gratuitos que ofrece el Festival en la actualidad, más de 150.000 personas acuden cada año a los diversos escenarios repartidos por toda la ciudad. En concreto, en 2016 los espectadores ascendieron a 175.000. La idea inicial del Festival la tuvo Imanol Olaizola, responsable de la Comisión de Música del Centro de Atracción y Turismo (CAT). En mayo de 1964 asistió a un concierto de Count Basie y su Big Band en la Salle Pleyel de París, comprobó el entusiasmo del público y pensó que había que llevar esa música a San Sebastián. Se lo comentó a Ramón Peironcely, presidente de la Comisión Permanente del CAT, y éste decidió incluir un proyecto de festival de jazz entre las actividades a proponer para 1965. En aquella época, los festivales de jazz de referencia en Europa eran el de Antibes-Juan les Pins en Francia, que sigue vigente y celebra su 57ª edición en 2017, y el de Comblain-la-Tour en Bélgica, que se interrumpió entre 1967 y 2009. La iniciativa encontró bastante oposición al principio, por lo que el proyecto de festival no se pudo concretar en 1965. En 1966, las circunstancias eran más favorables y se empezó a buscar fechas y sedes. La pretensión inicial era hacerlo en agosto, pero el programa de actividades de ese mes turístico estaba ya muy cargado, así que se fijó el fin de semana correspondiente a la segunda jornada de la Regata de La Concha. Fue la única vez que el Festival se celebró en septiembre. Desde entonces, ha sido siempre en julio. A la hora de buscar el emplazamiento del Festival, los organizadores tuvieron una feliz idea: la Plaza de la Trinidad, construida en 1963 para conmemorar el centenario del derribo de las murallas de la ciudad, según un proyecto del arquitecto Peña Ganchegui. La plaza está en el corazón de la Parte Vieja y tiene un aire especial por su situación entre un edificio renacentista (San Telmo), la Basílica de Santa María, del siglo XVIII, las laderas del monte Urgull y las pintorescas viviendas del casco antiguo donostiarra. La Plaza de la Trinidad ha encarnado a lo largo de los años la esencia del Jazzaldia. Los músicos alaban unánimemente el recinto, único en Europa, y la proximidad del público al escenario. Para mucha gente, sobre todo los jóvenes, el comienzo del Festival de Jazz fue un soplo de libertad. Se vivían los tiempos del franquismo, con su censura y su nulo entusiasmo por músicas de origen anglosajón como el jazz. Era además la época de la “guerra fría”, el enfrentamiento entre el Este y el Oeste de Europa. Por eso, el Festival era la gran oportunidad de reunirse para una muestra de cultura alternativa y comprobar que los músicos polacos, húngaros o checos que venían a actuar a San Sebastián eran tan europeos como nosotros, o más. La modestia de los recursos económicos iniciales impedía traer figuras de primera fila. Se planteó la contratación de Ella Fitzgerald, pero las 900.000 pesetas que costaba triplicaban el presupuesto total, así que hubo que esperar a 1975, cuando ya el Festival estaba lanzado, para verla cantar en San Sebastián. Se decidió entonces apostar fuerte por el Concurso de Aficionados. Tres años le bastaron al Festival para extender su fama por toda Europa: en la cuarta edición (1969) tocaron 28 grupos procedentes de nueve países. Llegó un momento en que la selección no era fácil, porque querían participar más de cien bandas. El actual director del Heineken Jazzaldia, Miguel Martín, se incorporó al Comité Organizador en 1978. Por esa época empezaron a llegar las grandes figuras, por lo que hubo que pensar en aforos más grandes que la Plaza de la Trinidad. El Festival se trasladó sucesivamente al Polideportivo y al Velódromo, para volver a su sede original desde comienzos de los 90. Desde entonces, el Heineken Jazzaldia ha potenciado año tras año su aspecto festivo, acercando aún más el jazz a los ciudadanos. Para ello, además de recuperar la Plaza de la Trinidad, aprovechar la magnífica acústica del Auditorio Kursaal y gozar del encanto del restaurado Teatro Victoria Eugenia, se programan numerosos conciertos gratuitos en lugares tan adecuados para el disfrute ciudadano como las Terrazas del Kursaal, la Playa de Zurriola y el Náutico. Más de veinte sitios emblemáticos de la ciudad han sido escenario del Festival en algún momento, incluyendo el Museo San Telmo, el Salón de Plenos del Ayuntamiento, el Paseo Nuevo, Chillida-Leku, el Basque Culinary Center, el Peine del Viento y el Eureka! Zientzia Museoa. Gracias a esa apuesta por democratizar la música, el Festival ha conseguido unas cifras extraordinarias de asistentes a algunos de sus conciertos, como los 50.000 de Jamie Cullum (2013), los 45.000 de Gloria Gaynor (2016), los 41.000 de B.B. King (2011), los 20.000 de Patti Smith (2010) o los 18.000 de Bobby McFerrin con el Orfeón Donostiarra (2008). En la época anterior, el récord lo ostentaba Chick Corea con los 14.000 espectadores que reunió en el Velódromo en 1981. A partir de 1994, el Festival instauró el Premio Donostiako Jazzaldia para homenajear a una de las figuras históricas que actúan cada año. 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Era además la época de la “guerra fría”, el enfrentamiento entre el Este y el Oeste de Europa. Por eso, el Festival era la gran oportunidad de reunirse para una muestra de cultura alternativa y comprobar que los músicos polacos, húngaros o checos que venían a actuar a San Sebastián eran tan europeos como nosotros, o más. La modestia de los recursos económicos iniciales impedía traer figuras de primera fila. Se planteó la contratación de Ella Fitzgerald, pero las 900.000 pesetas que costaba triplicaban el presupuesto total, así que hubo que esperar a 1975, cuando ya el Festival estaba lanzado, para verla cantar en San Sebastián. Se decidió entonces apostar fuerte por el Concurso de Aficionados. Tres años le bastaron al Festival para extender su fama por toda Europa: en la cuarta edición (1969) tocaron 28 grupos procedentes de nueve países. Llegó un momento en que la selección no era fácil, porque querían participar más de cien bandas. 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Historia del Festival de Jazz de San Sebastián

El Festival de Jazz de San Sebastián (actualmente, Heineken Jazzaldia) comenzó el 10 de septiembre de 1966, siendo actualmente el festival de jazz más antiguo de España y uno de los más veteranos de toda Europa. Todos los grandes músicos internacionales de jazz han pasado por el Festival en estos más de cincuenta años. El Festival ha recibido varios galardones muy importantes como reconocimiento a su actividad en el desarrollo de la cultura: el Premio a la Difusión de la Música en los XII Premios de la Música de la Fundación SGAE (2008); el Premio Euskadi de Turismo a la Competitividad de 2015, otorgado por el Gobierno Vasco; y la Medalla del Mérito a las Bellas Artes, en la persona del director del Festival, Miguel Martín, concedida por el Consejo de Ministros del 23 de diciembre de 2016. En la concesión se indicaba que el Festival de Jazz de San Sebastián, que ahora cumple medio siglo, ha programado a los artistas más importantes de este género y se ha convertido en una referencia internacional. La prensa especializada sigue destacando hoy la calidad de la programación y el ambiente festivo que el Jazzaldia transmite a la ciudad. Gracias a los numerosos conciertos gratuitos que ofrece el Festival en la actualidad, más de 150.000 personas acuden cada año a los diversos escenarios repartidos por toda la ciudad. En concreto, en 2016 los espectadores ascendieron a 175.000. La idea inicial del Festival la tuvo Imanol Olaizola, responsable de la Comisión de Música del Centro de Atracción y Turismo (CAT). En mayo de 1964 asistió a un concierto de Count Basie y su Big Band en la Salle Pleyel de París, comprobó el entusiasmo del público y pensó que había que llevar esa música a San Sebastián. 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Era además la época de la “guerra fría”, el enfrentamiento entre el Este y el Oeste de Europa. Por eso, el Festival era la gran oportunidad de reunirse para una muestra de cultura alternativa y comprobar que los músicos polacos, húngaros o checos que venían a actuar a San Sebastián eran tan europeos como nosotros, o más. La modestia de los recursos económicos iniciales impedía traer figuras de primera fila. Se planteó la contratación de Ella Fitzgerald, pero las 900.000 pesetas que costaba triplicaban el presupuesto total, así que hubo que esperar a 1975, cuando ya el Festival estaba lanzado, para verla cantar en San Sebastián. Se decidió entonces apostar fuerte por el Concurso de Aficionados. Tres años le bastaron al Festival para extender su fama por toda Europa: en la cuarta edición (1969) tocaron 28 grupos procedentes de nueve países. Llegó un momento en que la selección no era fácil, porque querían participar más de cien bandas. El actual director del Heineken Jazzaldia, Miguel Martín, se incorporó al Comité Organizador en 1978. Por esa época empezaron a llegar las grandes figuras, por lo que hubo que pensar en aforos más grandes que la Plaza de la Trinidad. El Festival se trasladó sucesivamente al Polideportivo y al Velódromo, para volver a su sede original desde comienzos de los 90. Desde entonces, el Heineken Jazzaldia ha potenciado año tras año su aspecto festivo, acercando aún más el jazz a los ciudadanos. Para ello, además de recuperar la Plaza de la Trinidad, aprovechar la magnífica acústica del Auditorio Kursaal y gozar del encanto del restaurado Teatro Victoria Eugenia, se programan numerosos conciertos gratuitos en lugares tan adecuados para el disfrute ciudadano como las Terrazas del Kursaal, la Playa de Zurriola y el Náutico. Más de veinte sitios emblemáticos de la ciudad han sido escenario del Festival en algún momento, incluyendo el Museo San Telmo, el Salón de Plenos del Ayuntamiento, el Paseo Nuevo, Chillida-Leku, el Basque Culinary Center, el Peine del Viento y el Eureka! Zientzia Museoa. Gracias a esa apuesta por democratizar la música, el Festival ha conseguido unas cifras extraordinarias de asistentes a algunos de sus conciertos, como los 50.000 de Jamie Cullum (2013), los 45.000 de Gloria Gaynor (2016), los 41.000 de B.B. King (2011), los 20.000 de Patti Smith (2010) o los 18.000 de Bobby McFerrin con el Orfeón Donostiarra (2008). En la época anterior, el récord lo ostentaba Chick Corea con los 14.000 espectadores que reunió en el Velódromo en 1981. A partir de 1994, el Festival instauró el Premio Donostiako Jazzaldia para homenajear a una de las figuras históricas que actúan cada año. 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Historia del Festival

Historia del Festival de Jazz de San Sebastián

El Festival de Jazz de San Sebastián (actualmente, Heineken Jazzaldia) comenzó el 10 de septiembre de 1966, siendo actualmente el festival de jazz más antiguo de España y uno de los más veteranos de toda Europa. Todos los grandes músicos internacionales de jazz han pasado por el Festival en estos más de cincuenta años.

El Festival ha recibido varios galardones muy importantes como reconocimiento a su actividad en el desarrollo de la cultura: el Premio a la Difusión de la Música en los XII Premios de la Música de la Fundación SGAE (2008); el Premio Euskadi de Turismo a la Competitividad de 2015, otorgado por el Gobierno Vasco; y la Medalla del Mérito a las Bellas Artes, en la persona del director del Festival, Miguel Martín, concedida por el Consejo de Ministros del 23 de diciembre de 2016. En la concesión se indicaba que el Festival de Jazz de San Sebastián, que ahora cumple medio siglo, ha programado a los artistas más importantes de este género y se ha convertido en una referencia internacional.

La prensa especializada sigue destacando hoy la calidad de la programación y el ambiente festivo que el Jazzaldia transmite a la ciudad. Gracias a los numerosos conciertos gratuitos que ofrece el Festival en la actualidad, más de 150.000 personas acuden cada año a los diversos escenarios repartidos por toda la ciudad. En concreto, en 2016 los espectadores ascendieron a 175.000.

La idea inicial del Festival la tuvo Imanol Olaizola, responsable de la Comisión de Música del Centro de Atracción y Turismo (CAT). En mayo de 1964 asistió a un concierto de Count Basie y su Big Band en la Salle Pleyel de París, comprobó el entusiasmo del público y pensó que había que llevar esa música a San Sebastián. Se lo comentó a Ramón Peironcely, presidente de la Comisión Permanente del CAT, y éste decidió incluir un proyecto de festival de jazz entre las actividades a proponer para 1965.

En aquella época, los festivales de jazz de referencia en Europa eran el de Antibes-Juan les Pins en Francia, que sigue vigente y celebra su 57ª edición en 2017, y el de Comblain-la-Tour en Bélgica, que se interrumpió entre 1967 y 2009.

La iniciativa encontró bastante oposición al principio, por lo que el proyecto de festival no se pudo concretar en 1965. En 1966, las circunstancias eran más favorables y se empezó a buscar fechas y sedes. La pretensión inicial era hacerlo en agosto, pero el programa de actividades de ese mes turístico estaba ya muy cargado, así que se fijó el fin de semana correspondiente a la segunda jornada de la Regata de La Concha. Fue la única vez que el Festival se celebró en septiembre. Desde entonces, ha sido siempre en julio.

A la hora de buscar el emplazamiento del Festival, los organizadores tuvieron una feliz idea: la Plaza de la Trinidad, construida en 1963 para conmemorar el centenario del derribo de las murallas de la ciudad, según un proyecto del arquitecto Peña Ganchegui. La plaza está en el corazón de la Parte Vieja y tiene un aire especial por su situación entre un edificio renacentista (San Telmo), la Basílica de Santa María, del siglo XVIII, las laderas del monte Urgull y las pintorescas viviendas del casco antiguo donostiarra.

La Plaza de la Trinidad ha encarnado a lo largo de los años la esencia del Jazzaldia. Los músicos alaban unánimemente el recinto, único en Europa, y la proximidad del público al escenario.

Para mucha gente, sobre todo los jóvenes, el comienzo del Festival de Jazz fue un soplo de libertad. Se vivían los tiempos del franquismo, con su censura y su nulo entusiasmo por músicas de origen anglosajón como el jazz. Era además la época de la “guerra fría”, el enfrentamiento entre el Este y el Oeste de Europa. Por eso, el Festival era la gran oportunidad de reunirse para una muestra de cultura alternativa y comprobar que los músicos polacos, húngaros o checos que venían a actuar a San Sebastián eran tan europeos como nosotros, o más.

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Se decidió entonces apostar fuerte por el Concurso de Aficionados. Tres años le bastaron al Festival para extender su fama por toda Europa: en la cuarta edición (1969) tocaron 28 grupos procedentes de nueve países. Llegó un momento en que la selección no era fácil, porque querían participar más de cien bandas.

El actual director del Heineken Jazzaldia, Miguel Martín, se incorporó al Comité Organizador en 1978. Por esa época empezaron a llegar las grandes figuras, por lo que hubo que pensar en aforos más grandes que la Plaza de la Trinidad. El Festival se trasladó sucesivamente al Polideportivo y al Velódromo, para volver a su sede original desde comienzos de los 90.

Desde entonces, el Heineken Jazzaldia ha potenciado año tras año su aspecto festivo, acercando aún más el jazz a los ciudadanos. Para ello, además de recuperar la Plaza de la Trinidad, aprovechar la magnífica acústica del Auditorio Kursaal y gozar del encanto del restaurado Teatro Victoria Eugenia, se programan numerosos conciertos gratuitos en lugares tan adecuados para el disfrute ciudadano como las Terrazas del Kursaal, la Playa de Zurriola y el Náutico. Más de veinte sitios emblemáticos de la ciudad han sido escenario del Festival en algún momento, incluyendo el Museo San Telmo, el Salón de Plenos del Ayuntamiento, el Paseo Nuevo, Chillida-Leku, el Basque Culinary Center, el Peine del Viento y el Eureka! Zientzia Museoa.

Gracias a esa apuesta por democratizar la música, el Festival ha conseguido unas cifras extraordinarias de asistentes a algunos de sus conciertos, como los 50.000 de Jamie Cullum (2013), los 45.000 de Gloria Gaynor (2016), los 41.000 de B.B. King (2011), los 20.000 de Patti Smith (2010) o los 18.000 de Bobby McFerrin con el Orfeón Donostiarra (2008). En la época anterior, el récord lo ostentaba Chick Corea con los 14.000 espectadores que reunió en el Velódromo en 1981.

A partir de 1994, el Festival instauró el Premio Donostiako Jazzaldia para homenajear a una de las figuras históricas que actúan cada año. El Palmarés del premio, que se inicia con Doc Cheatham en 1994 y se cierra, de momento, con Charles Lloyd en 2017, es una lista impresionante de algunos de los principales talentos del jazz.